MADRID ME MATA

El tour “Madrid, los años de la Movida” ofrecido por la organización Carpetania Madrid brinda una oportunidad de oro a los visitantes de la ciudad de poder conocer los rincones que abrigaron la Movida en el famoso barrio de Malasaña. Una ruta por las principales arterias, plazas, locales que se convirtieron en efigies invulnerables de la Movida. El tour está dirigido por Juan Carlos González, un historiador que, además de situar al visitante en el contexto adecuado para acercarlo al movimiento contracultural, detalla las anécdotas más curiosas y desconocidas que tienen como protagonistas a los máximos exponentes de este movimiento. Pero nuestra entrada de hoy está dirigida especialmente a los locales o bares de copas situados en Malasaña y cuyo paso es obligado en el tour. Los locales que vamos a visitar hoy son tres: La Vía Láctea, Madrid Me Mata y El Pentagrama, cada uno con su idiosincrasia personal pero todos ellos tildados del aroma de la Movida.

La calle Velarde es nuestra primera parada en la ruta por el Madrid de los 80 en pleno corazón de Malasaña. En el número 14 de esta calle está enclavado el local de copas La Vía Láctea, inaugurado en julio de 1979. Marcos López Artiga fundó el bar de copas con la idea de trasladar a Madrid el ambiente y la estética de los garitos de la noche neoyorkina. La barra principal del bar fue decorada con las ilustraciones del dibujante de cómics Moncho Algora, cuyos dibujos habían llegado incluso a Manhattan. Innumerables carteles de conciertos, discos, grabados y fotografías tildan a La Vía Láctea de un ambiente rockero con el que consiguió erigirse como uno de los locales referentes en el ambiente ardoroso y efervescente del Madrid de la década de los 80. Pinchadiscos de la talla de Kike Turmix, Diego Manrique, Juan de Pablos, Manolo Calderón, Samuel o José Castillo amenizaban las noches de Pedro Almodóvar, Alaska, Enrique Urquijo, Antonio Vega o Rubí. El local cuenta con un personaje unido al lugar por múltiples motivos, pero sobre todo porque trabajó allí hasta la fecha de su fallecimiento. Juan Carlos González narra como el Pele, conocido como el “Sheriff de Malasaña” ejercía de encargado, camarero y portero. Las leyendas levantadas alrededor de este personaje son muchas, así cuentan que hacía la vista gorda a la hora de pedir a los chicos el carnet para poder entrar a los locales, que dibujaba o que siempre bebía Johnny Walker con dos hielos en un vaso largo.

Nuestra segunda parada, en la Corredera de San Pablo, nos dirige a un museo- bar de la Movida, bautizado en 2012 como Madrid Me Mata, en recuerdo a uno de los fanzines más relevantes de la década de los 80 junto a La Luna de Madrid,  revista que da nombre a nuestro blog. La inauguración de Madrid Me Mata contó con la participación Ouka Leele, Anton Reixa o Patacho Recio, guitarrista del grupo Glutamato Ye- Yé y con las sonadas ausencias de Pedro Almodóvar o Alaska tal y como relata en su artículo para el diario El País Marta Fernández Maeso. En una de las paredes del Madrid Me Mata, destaca la famosa fotografía del “beso”, que puede dar lugar a muy diversas interpretaciones que unen y separan a la vez los caminos del amor y de la muerte. Uno de los atractivos de este museo- bar es la exposición permanente de más de 200 metros cuadrados que cuenta con reportajes gráficos como los proporcionados por Miguel Trillo, instrumentos musicales, carteles, prendas de ropa y recuerdos personales cedidos por los artistas de la época. En una de las salas de exposiciones, en la que podemos encontrar desde ejemplares de La Luna de Madrid o Madrid me Mata hasta carteles de conciertos en la Escuela de Caminos, Juan Carlos González nos explica lo siguiente: “Esta sala es de reposo y de charla. El local se llama Madrid Me Mata en homenaje a la revista que podéis ver y cuya adquisición en la actualidad es costosa. Entre los locales, debo mencionar algunos que ya no están como el Rock- Ola, del que tenéis una fotografía en la sala, que fue fundamental en los años de la Movida. Rock – Ola cerró en 1985 tras una pelea en la que hubo un navajazo de por medio. Yo llegué a ir a ir a Rock- Ola. Ahora  Rock- Ola se ha transformado en un sitio de alquiler de locales”.

El número 4 de la calle de La Palma, arteria fundamental del barrio de Malasaña es parada obligada. El bar de copas que cierra el tour es el mítico El Pentagrama, el local con más historia de Malasaña, que abrió sus puertas en 1976. Por el lugar pasaron todos los indispensables de la música pop en español de los años ochenta: Los Secretos, Nacha Pop, Los Burning, La Mode o Alaska. Desde su entrada, El Penta tiene algo muy especial, que lo hace distinto de los locales visitados anteriormente. Juan Carlos González cuenta como algunos participantes del tour le “hacen la reverencia” a este mítico centro cultural que experimentó su eclosión en la década de 1980. En la parte superior de la barra del bar, se erige la siguiente frase de Antonio Vega “Dime que es mentira todo, un sueño tonto y no más”. Todavía siguen sonando los ecos de aquella mítica canción, que Antonio Vega compuso en Valencia recordando sus noches con sus compañeros de la Movida en el Penta: “Y luego por la noche al Penta a escuchar canciones que consiguen que te pueda amar”. Según cuenta Juan Carlos González, “La cercanía que existía entre los clientes del bar aquellos tiempos ha desaparecido por completo en la actualidad”.

En nuestra visita hemos recorrido tres locales considerados como puntos de referencia de la Movida. Dos de ellos, La Vía Láctea y el Penta forma parte de la identidad personal del barrio de Malasaña. Se configuran como dos reflejos de una época  y permanecen anclados en el tiempo, poniendo todo su entusiasmo en el inútil empeño de retomar un pasado que fue sencillamente irrepetible.  La bocanada de aire fresco y el punto innovador lleva el sello del museo- bar Madrid Me Mata, que gracias a la ayuda de Oscar Mariné recrea a la perfección el ambiente de aquellos locales de copas de la década de los 80. Hemos podido comprobar personalmente como sobre todo en el Penta resuenan los ecos de los himnos de la Movida, como La Chica de Ayer, pero sobre todo hemos percibido la existencia de un aroma muy especial, único e irrepetible al respirar las notas musicales del Pentagrama. Algo nos dice que la Movida no murió, que sigue viva y continúa reproduciéndose en pequeñas dosis en gran parte gracias a la esencia conservadas por estos míticos locales.

Javier Espada Román

 

 

 

 

 

 

 

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